Vago.

Hoy pensando en mil y un cosas a la vez, y meditando sobre cada una de ellas, sentí algo que no había sentido desde hace un largo tiempo... Sentí de nuevo esa sensación de querer huir de aquí, de dejar todo atrás y comenzar de nuevo, pero comenzar esta vez bien, con todos los errores como lecciones y mis aciertos como incentivos, deseé ser de nuevo un hombre con la capacidad de cambiar de un día para otro sin preocuparse o pensar que echaría todo a perder si lo hacía.
Se que suena cobarde el pensar que mi presente es difícil y que no encuentro las respuestas a muchas dudas de mi día a día, es cobarde querer huir porque siento que ya no puedo, se que es cobarde, y mas porque las respuestas llegan a mi mente y sin embargo hago caso omiso de ellas y me preocupo en demasía por estupideces.
Anoche tuve un sueño de lo más extraño pero que sin embargo me parece muy entrado en razón o al menos me gustaría llegar a ser algo así. Soñé que me lanzaba a viajar con el gordo (o sea de aventón) y ver a donde me llevaba el destino, sin preocupaciones del trabajo, de familia, de responsabilidades, sin la hipócrita sociedad, solo viajando por la carretera, bañándome en moteluchos donde pasaba la noche y que mis únicas posesiones era una libretita que usaba a estilo bitácora de viaje, una guitarra acústica bicolor y en los extremos roja pero difuminados los tonos entre ambos colores que tenia escrito en cursiva "La Diabla" (visualicen la letra lo más coca-colera que se pueda), una mochila con ropa, un rastrillo para afeitar de los viejitos (si de esos que había que cambiarles las navajas y sacarles filo), una mochila con al menos tres cambios de ropa, muucha ropa interior, una cámara (pero de las de 35mm), y un desodorante, y era todo. En ese momento no hacia falta nada más  hacia falta para mí, nada, eramos solo yo y el camino, yo y la carretera caminando o pidiendo aventón a alguna alma bondadosa que se quisiera parar y que estuviera también dispuesto a llevar a alguien de gratis algunos kilómetros para llegar al siguiente pueblo que tuviera algo interesante para visitar o ver.
Recuerdo verme platicando con el maquinista de un ferrocarril, yo estaba mas interesado en su vida que en la mía, de saber que extraña mucho a sus hijos debido a su trabajo, que puede tardar días enteros sin verlos por que el recorrido del tren es muy extenso y tiene que seguir en ese empleo porque ya no cree que pueda ser útil en cualquier otro empleo, una lágrima rodó de sus ojos al contarme cuanto extrañaba a su familia en las noches que le tocaba guiar el tren, cuanto se preocupaba por ellos por la inestabilidad del país, de su miedo a volver y que una tragedia fuera el escenario de su hogar. 
Yo por mi parte  le contaba de mis aventuras de cuan útil podía ser "la diabla" para conseguir dinero para llegar al próximo destino, "¿y se come bien?" me dijo, "pues depende...", "¿de que depende?" preguntó intrigado; "Depende de que tan bien cocinen las doñitas de las fondas.(porque eso sí a pesar de andar de vago, hay que comer bien)" le dije y ambos echamos a reír, luego amenicé el viaje tocando un poco de rock con "la  diabla", llegando a la siguiente estación bajaba del tren, le daba las gracias y me encaminaba mochila y guitarra al hombro rumbo al pueblo, que se veía vivo a pesar del desierto que lo rodeaba, había muchas áreas verdes y pastizales que colindaban con un río cercano, "igual y no hay moteles" me dije, "pero al menos hay un río", y estaba a punto de entrar por los arcos del pueblito (del cual no recuerdo el nombre, jum), cuando sonó mi despertador.
Maldije mil veces ese ruido enfadoso y estridente que salia de la bocina, lo apagué de un manotazo, me senté sobre la cama y una sensación de enfado y angustia recorrió mi piel, quise mandar pintar mi guitarra negra con el borde rojo y estamparle "La Diabla" con todo y letra coca-colera, armar mi mochila con ropa y chones, ponerme esos converse viejos que deben estar arrumbados por algún lado de mi cuarto, tomar el primer autobús lejos de aquí y que el mundo ruede para mi, que los políticos y demás logias queden en el olvido y que solo importe seguir de carretera y visitando lugares y conociendo mil y un personas para después anotar lo interesante del día en esa pequeña bitácora de viaje.
Se  vale soñar. ¿o no?

See ya!!!

Luishop...  

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