Tan solo una sonrisa...

Esa tarde Paliacci no tenia nada que hacer, el calor apresante del mediodía obligaba a cualquier ser humano a quedarse en casa y no exponerse a la cancerígena radiación de los rayos solares, pero a él las paredes le parecían cada vez mas cercanas y cada vez mas grandes, así que antes de que la puerta se perdiera en el lento recorrer de los muros tomo sus llaves y audífonos, salio a la calle y puso rumbo desconocido a sus pasos, mientras miraba atrás como las paredes poco a poco volvían a la normalidad y por poco se escuchaba el respirar de la casa.
Las calles eran las mismas de siempre, la misma rutina de pasos que Paliacci solía recorrer cuando necesitaba olvidar algo, o de la misma manera intentaba recuperar algún recuerdo, pero a pesar de que eran las mismas avenidas y callejones, de algún modo todo parecía diferente, fuera de la casa había una leve brisa que parecía marcar un rumbo hacia algo que interesaba a Paliacci, si hubiese sabido que esa brisa era el rastro del destino, quizás hubiese desviado sus pasos. 
Mientras tanto del otro lado de la ciudad, Arturo sube a su auto, va un poco tarde para recoger a su hijo al preescolar así que debe acelerar un poco mas para lograr llegar, de lo contrario tendría que vérselas una vez mas con su esposa, quien a pesar de todos los esfuerzos de su parte por hacer feliz, con el paso del tiempo solo ha logrado encontrar nada mas que el lado amargo de la vida, siempre buscando una excusa, algún defecto para estar quejándose por horas e inclusive días. 
Paliacci caminaba por una de las largas avenidas de la ciudad, con los auriculares sonando de manera estridente, el único recurso viable para acallar la realidad que en ocasiones tanto detesta, camina pensando en mil y un cosas, embebido en su propia reflexión, pero de pronto apareció delante de él un ser mandado a hacer casi divino, una mujer de cabello negro y porte y caminar elegantes, cuyos ojos Paliacci había adorado en tiempos anteriores y que ahora caminaba frente a él, quien incapaz de reprimir sus latidos creía confundirlos con los timbales y drums del sistema de sonido que sus auriculares le permitían crear, ademas de ser incapaz de hablarle o hacer algo para llamar su atención solo caminaba por inercia, temeroso de acercarse y después no poder huir al encuentro.
Arturo abrochaba el cinturón de Guillermo, su hijo, cuando empezó a sonar el celular, como pudo acomodo al niño en el asiento y rodeo el coche, subió a su asiento y finalmente atendió la llamada, era su esposa, histérica casi furiosa preguntando si había recogido al niño a tiempo, dando mil y un improperios mientras Arturo manejaba el auto poniendo poca atención a la calle y a su hijo que jugaba con los juguetes que había llevado del colegio, volteo para regañar a su hijo sobre el escándalo que no lo dejaba escuchar la alharaca de su mujer cuando el destino hacia su trabajo.
Paliacci seguía caminando detrás de ella casi en automático, movido por la inercia y por el pequeño rastro de perfume que dejaba al caminar, sin darse cuenta de las miradas de reojo que ella le daba mientras caminaban, llegaron a un cruce de avenidas, cada uno aun separados por la distancia que Paliacci consideraba segura, cuando de repente y sin aviso ella giro a mitad del camellón y le sonrió, él sin tener en cuenta que eso podría suceder se quedo paralizado, le sonrió de vuelta y fue cuando el auto embistió sin piedad el cuerpo de Paliacci, quien perdió la conciencia para después perder la vida al impactarse con el asfalto caliente, manteniendo esa única sonrisa, como su ultimo recuerdo.


Anyway, smile, bye.

Paliacci...

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