Póstumo final...
El día de hoy, veintidós de febrero del presente año, declaro que estos labios mios añoran y extrañan tus labios rojos, que mi piel extraña el roce y calor de tus brazos, que mi cerebro (en especifico la tercera coyuntura del lóbulo frontal) y mis oídos extrañan el sondo de tu voz y tu risa loca, que mis ojos extrañan la imagen que el reflejo de los fotones le brindaba de tus ojos y tu cuerpo. Pero mas allá de lo físico, dentro de mi, muy en el fondo, allá donde la materia se trona ambigua entre lo físico y lo energético, donde no se distingue si algo es una partícula o es en realidad una onda, allí en el pequeño rincón entre los quarks que constituyen mi cuerpo y lo delimitan del universo entero, en ese minúsculo espacio donde habita mi alma inmortal, puedo sentir que me haces falta, de a poco por átomo, pero me haces falta, en la conjunción de todas las cosas. En ocasiones despierto y maldigo el momento en que la vida separo nuestros caminos, luego comprendo que por algo paso todo eso, y que si no estas conmigo, fue porque quizás merecías algo mejor, o al menos alguien que te hiciera feliz, y que estuviera ahí, cuando necesitaras lo que fuese.
Acepto que fui un imbécil, en toda la extensión de la palabra, que no me porte a la altura de las circunstancias, que no valore todo lo que alguna vez tuve contigo, reconozco todo aquello por lo que te decepcione, entiendo los motivos por los que tomaste la decisión, aun creo que fue la correcta, declaro que fue mi culpa y mi error, que mi actitud al final fue completamente estúpida, patética y desesperada, la verdad siento un poco de pena de mi mismo por eso hoy en día, considero que es común, de alguna forma que no comprendo aun, en ese momento creí que eso funcionaria.
No hago esto con ningún motivo en especial, esta vez lo hago porque no he podido dejar atrás tu recuerdo, debo confesarte que no es el tiempo quien cura heridas, sino uno mismo, también confieso que poco a poco voy sanando las heridas que yo mismo me cause, que entiendo lo que pasaste y lamento mucho que las cosas no hubiesen salido como hubiéremos querido. Nada es para siempre lo se ahora, me confié, te perdí, y hoy, a pesar de extrañarte, lo acepto y lo comprendo.
Nada es para siempre...
Paliacci.
Acepto que fui un imbécil, en toda la extensión de la palabra, que no me porte a la altura de las circunstancias, que no valore todo lo que alguna vez tuve contigo, reconozco todo aquello por lo que te decepcione, entiendo los motivos por los que tomaste la decisión, aun creo que fue la correcta, declaro que fue mi culpa y mi error, que mi actitud al final fue completamente estúpida, patética y desesperada, la verdad siento un poco de pena de mi mismo por eso hoy en día, considero que es común, de alguna forma que no comprendo aun, en ese momento creí que eso funcionaria.
No hago esto con ningún motivo en especial, esta vez lo hago porque no he podido dejar atrás tu recuerdo, debo confesarte que no es el tiempo quien cura heridas, sino uno mismo, también confieso que poco a poco voy sanando las heridas que yo mismo me cause, que entiendo lo que pasaste y lamento mucho que las cosas no hubiesen salido como hubiéremos querido. Nada es para siempre lo se ahora, me confié, te perdí, y hoy, a pesar de extrañarte, lo acepto y lo comprendo.
Nada es para siempre...
Paliacci.

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