Te hago un descuento ( microcuento)...
Si tuviera que confesar como es que llegué a esa callejuela esa noche me habría avergonzado bastante, quizá fuera mi falta de valor, o mi orgullo y no querer rogarle, fuera lo que haya sido, no quise enfrentarlo y preferí salir a la calle y manejar sin rumbo. Las calles de la ciudad luego de una lluvia tienen ese aspecto desierto que tanto bien le hace a la mente, como si la ciudad y tú estuvieran solos, el camino y tú, los dos solos, existe alguna clase de magia en esas noches en que paseas por ahí tratando de no pensar, en definitiva existe, o al menos eso me parecía ella.
Cuando la vi no pensé nada, al menos el viajecito estaba funcionando, sólo me parecía una mujer perdida bajo la lluvia. "¿Quieres subir?" cruzó por mi mente, pero vamos, yo no era el tipo de hombre que invita a una mujer de la calle a subir al coche y después, ¿qué? La idea de pagar por sexo no es algo que reproche o repruebe, pero hace mucho que había dejado atrás la tentación. Pero estaba dolido y cuando dejas de "no pensar" y ves la oportunidad, no te importa tanto la moral ni las buenas costumbres, sólo quieres mitigar el dolor si no es con la cura apropiada, al menos con una similar, una similar de minifalda, cabello rojo y medias de red.
Una cifra y tres ceros, toda la noche, sus labios dijeron "te hago un descuento si es en el coche", me causó gracia pero rechace el descuento, si iba a darme el gusto debía dármelo bien y a toda regla. Cuán equivocado podía haber estado si creí que las caricias falsas no resultan como las que uno desea, en la penumbra del cuarto del motel las formas se pierden, su rostro no era tan importante, teniéndola a ella, podía tener a aquella por quién me desvelaba, de una y mil formas diferentes, en la fantasía no hay límites y hay quien dice que la mente es el mayor órgano sexual del hombre, la amé como si fuera ella o mejor dicho como si no fuera ella, volqué en su cuerpo la furia y la pasión que no le pertenecía pero que ciertamente se hacía merecedora.
La mañana llegó como siempre, irremediablemente absurda, rompiendo la fantasía, cruda como la realidad misma, una parte de mi sentía algo de culpa, la parte monetaria claramente, pero en todo lo demás podía sentirme tranquilo, libre y hasta cierta forma ¿feliz?
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