Purgatorio.

A veces me da por querer ser,
ese ingenuo feliz que antes fui,
ser ese que creía en los conceptos
del amor, de la pasión y las personas.

Me es difícil creer, me es difícil confiar
y lo que más me duele, me es difícil amar.
Esta desconfianza, esta dificultad me aleja,
me envenena de soledad y me abruma.

Quisiera conocer el momento exacto
en que me convertí en el monstruo que soy.
Ese que lleva su soledad a cuestas,
a donde quiera que vaya, como si fuera cosa propia.

Y sin embargo esta mañana al salir a la calle
revisé mis bolsillos frente a la puerta, de rutina,
llaves, teléfono, dinero y mi soledad en la cartera,
apenas lo necesario para cumplir con el día,
lo demás, poco y mucha, se quedó en casa.

No importa si quisiera o no ser feliz,
la verdad es que no lo intento,
existen cosas que me preocupan más;
si para la gente la soledad es un infierno, entonces
¿existe un paraíso para los que nos da igual?

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