Para Melissa
Me es cansado buscar
a través de tantas calles,
avenidas, calzadas y callejones
la sombra de tu cuerpo.
Sueño con el fantasma de tu voz,
me gusta imaginar el tono y el timbre
de la melodía de tus palabras,
de la sinfonía de tu aliento.
Me atrevo a soñarte de día,
al caer la noche y cuando mi mente
acomplejada del ensueño
no tiene algo en extremo importante.
Tengo los pies en la tierra,
comprendo que todo esto
es unilateral, que soy sólo yo
quien pone la mente en las nubes.
Pero sabes, no me importa,
he pasado por mucho, por tanto,
que el ilusionarme contigo
es de alguna manera terapéutico.
Eres la prueba de que puedo querer,
porque te quiero sinceramente,
eres un pedacito de cielo
que vino a caer en este lugar,
y eres para mi, como lo dijo
un personaje de mi gusto culposo
del cine, mi nuevo sueño.
Mentiría si te dijera que no espero nada,
que todo esto lo hago por altruismo
o por desahogar mi alma atormentada,
pero todo eso serian mentiras;
La vida me ha enseñado
lo que le pasa a la gente que miente,
así como también me ha enseñado
lo que sucede con aquellos
que ante la realidad, sueñan.
Te diré entonces lo que creo,
no creo en historias donde todo
resulta tan fácil como decirlo
y que la situación se resuelva,
no creo que luego de leer estos
modestos versos tú quedes
perdida e irremediablemente
enamorada de mi.
Creo, sin embargo, que sirvan
en algún punto para dejar huella,
que sean algo para recordar en las noches,
en esos ratos donde, a solas,
soñamos los viajes de los trenes perdidos.
Estos pequeños versos,
son sólo un regalo, dado que,
bajo nuestras circunstancias
no me es posible hacerte algún otro
o hacértelo llegar de otra manera.
Te regalo el pedacito de mi vida
en que me toco conocerte,
te regalo mis frases, todas ellas,
tanto las que grito, como las que susurra
a mi oído mi alma emocionada,
te regalo mi tiempo, mi tinta, mi papel,
porque lo vales, porque me nace,
pero por encima de todo aquello,
te regalo mi cariño, en disposición
según sea tu gusto, como balsa
de naufrago de las tormentas
o como el velero que viaja al atardecer.
a través de tantas calles,
avenidas, calzadas y callejones
la sombra de tu cuerpo.
Sueño con el fantasma de tu voz,
me gusta imaginar el tono y el timbre
de la melodía de tus palabras,
de la sinfonía de tu aliento.
Me atrevo a soñarte de día,
al caer la noche y cuando mi mente
acomplejada del ensueño
no tiene algo en extremo importante.
Tengo los pies en la tierra,
comprendo que todo esto
es unilateral, que soy sólo yo
quien pone la mente en las nubes.
Pero sabes, no me importa,
he pasado por mucho, por tanto,
que el ilusionarme contigo
es de alguna manera terapéutico.
Eres la prueba de que puedo querer,
porque te quiero sinceramente,
eres un pedacito de cielo
que vino a caer en este lugar,
y eres para mi, como lo dijo
un personaje de mi gusto culposo
del cine, mi nuevo sueño.
Mentiría si te dijera que no espero nada,
que todo esto lo hago por altruismo
o por desahogar mi alma atormentada,
pero todo eso serian mentiras;
La vida me ha enseñado
lo que le pasa a la gente que miente,
así como también me ha enseñado
lo que sucede con aquellos
que ante la realidad, sueñan.
Te diré entonces lo que creo,
no creo en historias donde todo
resulta tan fácil como decirlo
y que la situación se resuelva,
no creo que luego de leer estos
modestos versos tú quedes
perdida e irremediablemente
enamorada de mi.
Creo, sin embargo, que sirvan
en algún punto para dejar huella,
que sean algo para recordar en las noches,
en esos ratos donde, a solas,
soñamos los viajes de los trenes perdidos.
Estos pequeños versos,
son sólo un regalo, dado que,
bajo nuestras circunstancias
no me es posible hacerte algún otro
o hacértelo llegar de otra manera.
Te regalo el pedacito de mi vida
en que me toco conocerte,
te regalo mis frases, todas ellas,
tanto las que grito, como las que susurra
a mi oído mi alma emocionada,
te regalo mi tiempo, mi tinta, mi papel,
porque lo vales, porque me nace,
pero por encima de todo aquello,
te regalo mi cariño, en disposición
según sea tu gusto, como balsa
de naufrago de las tormentas
o como el velero que viaja al atardecer.
Por siempre y hasta luego.
Paliacci.
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