Gloria y Sebastián I.- Divagante
Él jamás llegó a llamarse “Sebastián”, fue más un seudónimo
clandestino que de alguna manera le puso la vida, sin embargo ésta es su
historia, porque más allá del nombre de quien es el protagonista, lo importante
son los hechos. Sebastián tuvo una buena vida durante su infancia, durante su
adolescencia también, podríamos relatar tantas cosas felices de aquellas épocas
que los más pesimistas se sentirían abrumados por estas líneas, pero esa no es
mi intención, prosigo entonces a hacer felices a aquellos infelices con la
vida, contando el inicio de las penas de Sebastián.
Hoy en día es un hombre
maduro, tirándole a la mediana edad y viviendo en sus cuarentas, de carácter amable
y bonachón que se oculta perfectamente detrás de su semblante serio y
escrutador, de complexión media, ni muy obeso ni tampoco un cadáver andante Sebastián
recorre el mundo actual de preocupaciones como mejor puede. Uno muchas veces
comete errores en la vida y casi siempre los puede resolver, es cuando nos
topamos con ese callejón sin salida cuando caemos en cuenta que dimos el giro
equivocado en el laberinto, pues a él le sucedió algo similar, se dice que el
amor es la energía más potente en el universo que conocemos físicamente, lo que
no se nos dice, o nosotros no comprendemos, es que como toda energía tiene un
lado positivo y un lado negativo, existen esos amores que te ayudan a volar,
que te hacen mejor persona, que te hacen ver lo hermoso que es el mundo y
existen aquellos amores que te recuerdan que la soledad no es tan mala, aquellos
amores que matan.
Sebastián se enamoró de una mujer que llamaremos Laura, que
es el nombre ideal para cualquier villana, a la corta edad de veinte años, esa
edad donde por alguna razón seguimos creyendo que el matrimonio es la cúspide del
amor, el clímax del regocijo de los amantes, es una pena que el desenlace de
esas historias no sea así y que muchas veces nuestra novela televisiva termine
siendo tragedia griega; como dije él, perdidamente enamorado, embarazó a Laura,
e influenciado por el calor del amor y puede ser que por ciertas normas civiles
y morales, se casó con ella. Ese dicho de “nadie conoce a su mujer hasta que
vives con ella” tiene tanto significado, aunque solo lo tomemos a juego, claro
para cuando lo vemos convertido en realidad ya no es un juego divertido, Laura
como novia no era mala, en realidad era una dulce muchachita que jamás molestaba
a Sebastián con celos, inseguridades, preguntas que estuvieran de más, era esa
clase de amor dulce que llegas a tener en base a la madurez y que ayuda que tu
novia trabaje para tu padre. Laura como esposa ya no fue tan dulce, la situación
de igualdad que sintió en su alma se vio rápidamente identificada en su trato a
su marido, se adueñó de derechos que antes no creía le pertenecían, se volvió celosa,
insegura, controladora, manipuladora, para acortar la historia, la mala del
cuento. Obviamente esto no sucedió de un día para otro, requirió paciencia,
tiempo, heridas y una confianza rota casi desde el principio.
Ninguna relación es
perfecta, y la que lo sea dura solamente un fin de semana, muchas de ellas
tienen arreglo, desgraciadamente la solución no siempre es lo que uno de los
dos quiere y es ahí cuando se entra en esas vorágines caóticas de quien puede
más, del “tú me prohíbes, yo te reto y lo hago”, esto es en pocas palabras un
infierno consensuado, una lucha constante donde las personas se hieren más y
más, lo peor viene cuando por alguna anticuada razón las personas se quedan ahí
porque “el matrimonio es para toda la vida”, y aunque tu vida sea ese infierno te
tienes que quedar y aguantar. Sebastián, por si mis divagaciones no los
perdieron, estaba metido justo en eso, una vida terrible, de independencia
cuestionable, de control, de opresión, todo ello lo llevó a buscar y encontrar
lo irremediable, una válvula de escape, un poco de gloria.
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