Deus Ex Mort (final).

(...)

La muerte chasqueó los dedos y en un instante se encontraban en una infinita llanura gris con un cielo negro con una única estrella roja distante.

- Bienvenido al otro limbo – dijo ésta.
- ¿cómo que “otro limbo?”
- Verás, las almas estancadas se quedan en el limbo de donde te he sacado, los cuerpos de esas almas terminan aquí y se…
- Y se pudren y se rompen con facilidad – dijo una voz surgida de la niebla negra que reptaba por el suelo – perdona mi falta de modales, me llamo Talidor y estos son mis dominios

Talidor era una silueta antropomórfica cristalina con la facultad de la ingravidez y la falta de densidad, se podía ver a través de él, lo que lo hacía distinguirse del paisaje era su color, era de distintos tonos de morado, lila y purpura de punta a punta.

- El otro limbo – dijo Eugenio por terminar la frase.
- No, su nombre no es ese, éste es el “Desierto de los desgraciados”.
- Talidor cuida cascarones sin alma – le susurró la muerte a Eugenio mientras éste rebuscaba en la niebla – prepara el estómago.
-  Ajá – dijo el ser purpureo mientras arrastraba la cosa a la vista de los otros dos.

La cosa resultó ser una combinación de órganos, extremidades y apéndices sin un orden ni acomodo, como si la naturaleza hubiera perdido el manual y hubiera querido improvisar luego de unas cuantas copas del ron más fuerte que pudiese encontrar, aquí y allá había manos y dedos que conectaban directamente a pulmones y vísceras sin un brazo de por medio. Eugenio no pudo contenerlo y vomitó, aunque no hubo nada que sacar.

- Memoria ectomórfica, el alma recuerda su cuerpo anterior, no así el cuerpo, sin un alma el cuerpo no tiene voluntad no estructura, por eso pasan éstas cosas – dijo la muerte.
- Pero son un buen lienzo para el arte, como mis postales, ¿recuerdas?
- Sí, las recuerdo, había demasiados senos y partes innobles en ellas.
- Bueno, la soledad es aburrida y no es como que ellos sean muy interesantes para platicar. – dijo Talidor abatido.
- Bueno eso no es importante ahora, tengo un problema con este reloj – dijo la muerte sacándolo de su túnica – verás, tiene un grano atorado y es imposible de abrir.
- Ah, no es problema – dijo Talidor atravesando el reloj con su cuerpo etéreo y empujando el grano al fondo – por nada.

La muerte y Eugenio no salían de su asombro, solo veían al reloj y se veían mutuamente sin saber que decir. Le tocó a Eugenio romper el silencio:
- ¿Y ahora qué?
- NO TENGO IDEA – contestó la muerte y en el fondo de las cavidades de lo que fueran sus ojos se asomaba una chispa de perplejidad autentica – EN REALIDAD YO SOLO QUERÍA QUE NOS MOSTRARA EL CUERPO VACÍO PERO ESTO SUPONE ALGO NUEVO.

Se cree que la luz blanca al final del túnel que vemos al morir no es más que un último gemido con sobrecarga eléctrica de un cerebro agonizante, la muerte sináptica, sin embargo no es así, lo que hay en esa luz es la verdad ultima de todas las cosas, lo que algunos hombres llaman erradamente “dios”, Melissa soñaba con tal luz a la vez que estaba dentro de ella, podía verlo todo, el tiempo, la historia, el universo en su inmensidad y su creación y destrucción infinita de mundos, las civilizaciones en su ascenso, auge y caída, vio planetas formarse, habitarse y ser destruidos, guerras empezar y terminar tan cerca de la tierra como al otro lado del universo, formas de vida esclavizar a otras, el choque de dos mundos, vio a las estrellas perder su brillo y a la inmensidad volverse no más que una pantalla interminable de oscuridad y frío. “No es justo” pensó mientras la oscuridad la rodeaba, una voz le respondió desde ninguna parte “no existe la justicia, sólo existo yo, la vida aparece aquí y allá, manchas de singularidad en el caos del universo y cada forma de vida piensa que la justicia es algo que debe ser un derecho cuando es en realidad una utopía, quisieran no morir, no sufrir, ser dioses, pero son ignorantes, incluso los dioses están en la palma de mi mano”, una explosión de luz mortecina y opaca frente a Melissa reveló una túnica negra de cuya caperuza se asomaba una calavera, el fulgor de las cuencas parecía mirar hasta lo más profundo del alma mientras que por alguna razón cualquiera que mirara su expresión apostaría sin dudarlo a que ese cráneo estaba sonriendo más de lo normal.

Melissa despertó de golpe sobre su cama, le dolía todo el cuerpo y se sentía mareada, se incorporó sobre la cama y la volvió a ver, la muerte estaba sentada frente a su cama tomando el té con un hombre también vestido de túnica, la muerte volteó y la miró con las cuencas vacías esta vez,

- Es un acto suicida dejar algo sobre la estufa y ponerse a dormir, ¿tienes intenciones de morir? - la pregunta dejó en el aire un silencio frío.
-  No - fue lo único que pudo decir ella.
- Perfecto, porque no tengo pensado trabajar tanto y en vano, le has dado una buena sacudida a la historia, aunque claro no fue del todo tu culpa.
-  ¿Sacudir la historia?
-  Oh sí, a la historia no le gusta que la contradigan, dime ¿crees en los milagros?
-  Pues no.
-  Sin embargo existen, no del modo que la gente piensa a veces, eso de las apariciones divinas no es más que una tontería de los dioses para cuando están aburridos, los milagros de verdad son pequeñas trampas que se concede a sí misma la historia, esas le sacan de apuros cuando parece ser que se va a equivocar, ya sabes, las imposibilidades. La historia combate la imposibilidad, a no ser que le convenga, en tu caso es diferente, tú debías de haber muerto, pero no lo hiciste. Tú eres lo que en la definición general sería un “anti-milagro”.
-  ¿Y eso es malo?
-  Sólo para el ego de la historia quizás, para ti es algo distinto solamente, te he creado otro reloj, me tomé un par de permisos durante su creación, hice el cuello una micra más ancho.
-   ¿Así no se atascará como el otro?
-  Exacto – el fulgor de las cuencas de la muerte se encendió de nuevo – había olvidado que pasaste por ella, cuando estabas en la luz, ¿la viste?
-  ¿Qué cosa?
-  Ah no es importante.
-  Entonces, ¿todo va a terminar en oscuridad y frío, en un universo muerto?
-  Más o menos, es el orden natural.
-  Y lo que hagamos de aquí en adelante no tiene ningún significado…
-  Oh te equivocas, la historia no se escribe a sí misma, se corrige sí, pero son los mortales quienes les dan forma, ya te darás cuenta luego, ahora debes dormir.

El despertador sonó de manera especialmente estridente esa mañana, Melissa no recordaba nada del día anterior, ni siquiera cuándo se quedó dormida, “deben ser los calmantes” se dijo, se vistió y salió rumbo al trabajo, en el autobús de siempre estaba el hombre que le gustaba, lo vio, la vio y ella sonrió, como si supiera que sin importar los resultados a gran escala o la incertidumbre en su proceder, incluso, con el tiempo suficiente, la sonrisa que se le regala a un desconocido puede alterar el curso de la historia.

- ¿Y entonces se va a quedar así?
- Sí, aun no es tiempo, ella es especial sin duda, pero no está lista.
- ¿Cómo lo sabe? – preguntó desconcertado Eugenio.
- Simple – dijo la muerte quitándose el cráneo y descubriendo la cara de una mujer pelirroja – de haberlo estado, habría visto más allá de mis máscaras.

La muerte sonreía, con una sonrisa que habría hecho que generales y reyes decidieran invadir continentes lejanos con tal de verla de nuevo, Eugenio lo entendió entonces mientras se volvía una voluta de humo, que la muerte también es hermosa y que forma parte de algo más grande.

(Aquí les dejo un enlace por si lo quieren bajar en PDF y leerlo completo).

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