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Gilberto (edición revisada).

Gilberto. Gilberto Sampedro no podría ser llamado una persona normal desde mucho tiempo atrás, no, tampoco es que tuviera dones especiales, ni levantaba camiones con un brazo, ni mataba toros rompiéndoles el cuello ni podía llevar al éxtasis a las mujeres con sólo pronunciar la palabra “córrete”, no, lo que lo hacía especial y único era que el hombre no envejecía, a sus treinta años recién cumplidos Gilberto se seguía viendo como cuando tenía dieciocho, la misma cara de niño, tenía el mismo torso delgado y a pesar de hacer ejercicio seguía viéndose como antes, joven radiante. Gilberto era el asombro de sus contemporáneos, también era la envidia de sus contemporáneas pues todas ellas desearían verse como cuando tenían dieciocho, por estas razones espiaban al pobre hombre siempre y a toda hora que podían, le espiaban por si compraba algo inusual en la farmacia, o si encargaba algo especial por correo, algunas incluso se arriesgaron a espiarlo antes, durante y después que éste se bañ...

Eugenio (versión corregida)

Eugenio. Eugenio Buendía descansaba recostado sobre la fría porcelana mientras la madrugada transcurría despacio y la ciudad dormitaba, entonces, el sonido del interruptor y la luz del pasillo lo sacaron de su tranquilidad, además como si eso no bastara, el hombre que entraba en el baño, obligándolo a desaparecer, no venía con las más higiénicas intenciones. Cuan triste era la “no-vida” de Eugenio, si al menos el destino hubiese sido más compasivo con él, al final de su vida, no se hubiera convertido en el hazmerreír del más allá , destinado a pasar la eternidad entera en el sanitario, condenado a no poder resolver ese asunto que, por razones del azar, tuvo que dejar irremediablemente a medias. Noche tras noche, día tras día, el eterno desfile de visitantes le recuerda palabra por palabra la frase que tanto escucho tiempo antes de morir: “cuida tu colesterol”. Ahora era muy tarde para lamentarse el no hacer caso, pero es que jamás lograba avanzar en su paso al “más allá”, inc...

Sobra gente

Sobra gente. En el mundo sobra gente, pero faltan personas, faltan personas que sigan sus sueños, faltan personas que crean en sí mismas faltan personas que no quieran ser sólo gente. Porque la gente es demasiada y a la vez no es nada, la gente es una masa amorfa y viciosa de cuerpos que viven la misma vida, que temen los mismos miedos, que siendo la escandalosa mayoría pisotean, destruyen, desgarran y martirizan todo aquello que desconocen, que ignoran. Hacen falta personas que se atrevan a ser libres, libres de pensamiento, palabra, obra y si viene al caso también de omisión; es un desperdicio tener la capacidad de sentir, de crear, de inventar, de soñar, si se ha de repetir el mismo sueño, el mismo sentimiento que todos los demás. Hacen falta personas que amen sin miedos, que sepan entregarse por entero, que no condicionen el amor, que entiendan que amar y quedarse sin nada no es perder, que pierden más los incapaces de amar por...

Caralibros

Caralibros. Me he comido una hamburguesa, y estaba muy buena, y he querido exponerlo aquí, en un verso, sobre el papel, porque quizás a algún futuro lector o a una audiencia le interese mucho que yo me comí una hamburguesa, y que además de eso estaba jodidamente buena. Vivimos en un tiempo de banalidades muy importantes, donde nuestra privacidad es algo que hemos regalado, donde ya no importa tanto la playa, las risas, las puestas de sol, si no tienes una cámara a mano para presumirlo luego. Somos prisioneros de una conexión de datos, de baterías, cargamos los grilletes al enchufe y nos quedamos ahí, pegados en la pared, con la cara iluminada y el alma a oscuras, éramos hombres en el hastío del mundo, ahora, ahora somos una etiqueta en una notificación vacía. ¿Cómo permitimos que pasará todo esto? que nos roban el tiempo y el oro frente a nuestras narices y nosotros sumidos en la frustración y la impotencia de no poder pasar de nivel en los c...

Dos ruedas.

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Tomas impulso, dejas atrás tu calle, tu barrio, conquistas las pequeñas subidas y te emocionas, quieres ir más rápido, te esfuerzas, aceleras, tu corazón salta, tus pulmones están vueltos locos, pero no te importa, quieres, no, necesitas más, más velocidad, más alcance, más resistencia, ¿esa colina cree que te va a detener?, oh no, tú sabes que eso no va a pasar. Una tras otra las pendientes van quedando no sólo atrás, sino incluso debajo de ti, te aburres del asfalto, no sólo es monótono, los conductores no te lo hacen sencillo, te pasan a centímetros o te toca un bocinazo, "la calle es de todos" o eso dicen, yo no lo veo, encuentras la vereda, el sendero, la terracería, naturaleza y libertad bajo tus ruedas. La montaña, piedras, lodo, tierra, subidas donde las ruedas resbalan, bajadas donde perder el miedo, y claro el terraplén que te hace entender que no necesitas alas para volar, llegas a un claro y te preguntas, "¿por ...

De supervivencia y otras cosas.

Yo sobreviví a Soledad. La sientes, esa frase que nace de tu orgullo, “ya la superé”, te mientes a ti mismo al decirla Y esperas que tu actitud estoica convenza a otros, A aquellos que no saben el infierno que arrastras, No, algo dentro de ti sabe que no es cierto, Porque nadie supera a nadie, cuando mucho Y con algo de suerte, sobrevives a alguien. Yo sobreviví a ella, a la niña de ojos claros, De blanca piel y labios tersos, a Soledad. Sobreviví a las marejadas que eran sus besos, A las tormentas de sus palabras y gemidos Y a esos terremotos en su vientre al hacer el amor. Sobreviví después al vacío, al silencio, A ese maldito invierno de camas vacías, A los lamentos, a los llantos, a la culpa, A ese momento en que mutile parte de mi Y escupí ese nefasto “por favor, no te vayas”. Sobreviví también a las putas, a las drogas, Al callejón de sexo y rock&roll al que me metí Buscando un aliciente a su  maldiciente  ausencia. So...

Crónica de una pesadilla

Lo primero que recuerdo es estar acostado sobre una colina, veo el cielo tapizado de nubes de forma tan uniforme que pareciera que el cielo es color blanco, me levanto del césped, la frase "donde el césped es más verde" debe hablar de un lugar como éste, bajo a la calle, esa única calle que se puede ver hasta donde alcanza la vista. No hay nadie en la calle, existe un silencio pétreo, no hay viento ni canto de aves; grito, no hay respuesta, deambulo por la acera mirando las casas, son todas iguales, miro a través del cristal de las ventanas e incluso por dentro son todas iguales, hay un televisor y un sofá en cada una de ellas, giro la perilla de la primera puerta y está cerrada, pruebo con la de al lado y es lo mismo, al igual que las de la acera de enfrente. Camino por esta calle por lo que parecen horas, inútilmente pruebo abrir las puertas, los cristales no se rompen no importa cuan fuerte o con qué los golpee. De pronto a lo lejos escucho un zumbido, corro en direcci...

Deus Ex Mort (final).

(...) La muerte chasqueó los dedos y en un instante se encontraban en una infinita llanura gris con un cielo negro con una única estrella roja distante. -   Bienvenido al otro limbo – dijo ésta. -   ¿cómo que “otro limbo?” -   Verás, las almas estancadas se quedan en el limbo de donde te he sacado, los cuerpos de esas almas terminan aquí y se… -   Y se pudren y se rompen con facilidad – dijo una voz surgida de la niebla negra que reptaba por el suelo – perdona mi falta de modales, me llamo Talidor y estos son mis dominios Talidor era una silueta antropomórfica cristalina con la facultad de la ingravidez y la falta de densidad, se podía ver a través de él, lo que lo hacía distinguirse del paisaje era su color, era de distintos tonos de morado, lila y purpura de punta a punta. -   El otro limbo – dijo Eugenio por terminar la frase. -   No, su nombre no es ese, éste es el “Desierto de los desgraciados”. -   Talidor cuida cascarones...

Deus Ex Mort (parte 1)

“ De todos los inmortales de los que eres hermana eres la más parecida a mí, por eso debo dejarlos a tu cuidado, debes hacerlos volver a mí, ellos son especiales”, la Muerte se levantó de la cama como cada ciclo solar. Una vez más había soñado con las palabras de Essa, aquellas ultimas que le dijo antes de dejarla abandonada en esta roca perdida en algún rincón del multiverso, cuidando a las no tan especiales creaturas. Ella cuidaba simples animales mientras Ya-mbar juega con seres de luz en las pléyades. Los dioses perdonen a Essa por adornar de más éste trabajo y luego no dejarle más que ese cachivatrón con el cual enviar mensajes, que estaba en desuso desde hacía siglos desde que Talidor se había puesto muy explícito en sus postales, pero al menos en ésta roca existía el café, a la muerte le encantaba el café; estaba la Muerte refunfuñando sobre su suerte cuando el cachivatrón brilló y un tubo dorado descendió por el conducto que lo conectaba a la irrealidad del multiverso...