Tus ojos.

Hurgando por ahí en las antigüedades del recuerdo uno se encuentra este tipo de cosas que le hacen tener ganas de tantas cosas y al final de ninguna concretamente, de antaño presento: 

Tus ojos.

Y te veo, veo tus ojos,
y veo un poco más profundo,
ya no eres cuerpo, no eres persona,
eres “ser”, eres costumbres,
eres ideales, motivos, preocupaciones,
gustos, enojos, ilusiones, esperanzas,
y un sinfín de emociones más.

Parpadeo y todo se reduce a tu sonrisa,
a tu respiración y a nuestra platica interminable,
ese es mi presente, como me gusta estar,
aquí junto a ti, sosteniendo tu mano,
y charlando sin parar.

Un parpadeo más,
de alguna manera sé que,
tú también exploras más allá del fondo
de mis ojos, ventanas siempre abiertas
cuando tú las quieres mirar.
Sé que también descubres,
mil y un cosas, curiosidades, interrogantes,
complejidades y excentricidades,
mi montón de cachivaches culturales
al que tanto me aferro.

Una sonrisa escapa de tus labios,
me sujeto fuerte a la pared
para no besarte, para no callarte,
para no interrumpir tu voz,
cada vez que recitas esos versos,
tan tuyos, otros tan míos, otros tan nuestros.

Paliacci.

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