Sobre el amor y otros vicios.

¿Existe algo que nos haga sentir,
pensar y actuar tan drogados como el amor?
Ni las anfetaminas, ni la marihuana,
pasando por el éxtasis y la codeina,
y nada, nada hay que nos acelere el pulso,
nos haga sentir que flotamos y nos joda la vida
como estar enamorados de alguna persona.

Y no nos engañemos, todos lo sabemos,
más que un sentimiento el amor es un vicio.
Sí, nos pudo haber ido mal en el amorío pasado,
pero nadie quita que lo podemos volver a intentar,
es algo así como la michelada del domingo de cruda.

Lo peor viene cuando lo quieres dejar,
aquí se confirma la sospecha, tiene marcado "vicio"
en letras grandes y rojas por todos lados,
porque a las primeras horas que dejas de amar,
te da síndrome de abstinencia, sudas, tiemblas
y por si eso no fuera suficiente, de pronto lloras.

Y si todo eso no bastara,
si aún tienes aliento luego de ello,
viene la sobriedad, lo cual es la antítesis
de todas las cosas buenas en el mundo conocido,
es aburrido, el cielo no es del azul que te gusta,
el verde no es tan verde, no hay árboles parlantes
ni elefantes rosas voladores, ¿qué nos queda entonces?

La respuesta, aunque obvia, es embriagarnos,
nos embriagamos de alcohol, nos embriagamos de besos,
de libros a altas horas de la noche con un café en mano;
porque después de un buen polvo las nubes proyectan
películas enteras en su andar por un cielo color azul hermoso,
porque después de un buen whisky los pájaros cantan óperas,
y porque cuando llegamos al final del libro, no dormimos,
no por el café, sino porque el alma desborda alegría.

Nadie dijo que los vicios fueran malos,
(y si hay quien lo diga, es que no sabe lo que dice),
hay vicios que nos ayudan a seguir con vida,
es sólo que no debieran ser usados, no para escapar
o ignorar la realidad, sino para crearla.

Paliacci.

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