De locuras y sin sentidos.

Si un día me preguntasen "¿cómo es que la conocí?"
no sabría qué responderles, porque yo mismo no lo sé.
Sólo recuerdo que llegó de la nada una noche,
como esa brisa de la tarde cuando sientes que no puedes más,
le dio a mi vida un respiro y me hizo sonreír.

No está de más decir que pocas veces nos vimos en persona,
pero si me es posible resumir esas veces en una palabra,
la única con la que puedo relacionarlo es con "embeleso",
la recuerdo a ella tan perfecta, como recuerdan los viejos
los tiempos de sus antiguas glorias,
la recuerdo tan cálida, como los hombres solitarios
recuerdan el abrazo de una madre
y por sobre todo la recuerdo tan libre,
como los hombres no son capaces de concebir la libertad.

No es que ella fuera el amor de mi vida,
puede que fuera algo más que eso,
quizás fuera el amor de mi próxima vida
a quien he encontrado aquí como promesa del después,
o también fuera el amor de mi vida anterior,
quién sabe si aún a pesar de la muerte,
nos seguimos buscando, nos seguimos amando.

Ella es un recuerdo que llevo siempre conmigo,
como un amuleto para los tiempos oscuros, para las noches frías.
Pienso en ella y pienso en su vaivén, en su ir y venir
como si ella fuera ola y mi vida fuera la costa que habita,
nunca estática, siempre presa y señora de la fuga y el descaro.

No miento cuando digo que jamás encontraré mujer igual,
pues sus ojos más que ventanas a su alma eran un portal
a aquello que la humanidad ha llamado paraíso,
su voz era un poema que viajaba libre,
indiferente a la voluntad del viento, era música y estruendo,
su piel estaba hecha de pétalos de rosas y jazmines
y sus labios, esos labios de carmín que con sólo una sonrisa
creaban y destruían universos a voluntad,
toda ella estaba hecha de sueños, de ese material
que se puede tener pero no se puede guardar.

Es por eso que aún la quiero, que a veces la espero,
que no viene nunca de la misma manera,
a veces es una, a veces parece otra, ella misma cambia,
se transforma y transmuta pero siempre llega inoportuna,
no cuando yo quiero, sino cuando más la necesito.
Ella es la mujer que sin duda alguna amo,
y es por eso mismo que siempre la dejo volar
cada vez que extiende sus alas y me sonríe
mientras la veo alejarse a surcar el cielo.

Ella es el ave y yo soy su montaña...

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