De montañas y precipicios.

Quienes me conocen bien, no me dejarán mentir,
y para quienes no me conocen, se los he de decir.
Desde un tiempo a éstas fechas tengo la sensación
de ser un hombre pequeño, de no dar la talla,
de que todo cuanto hago es efímero y sin sentido.

Es posible que sea una falta de algún neurotransmisor
en mi cabeza, de esos que terminan en "nina",
o que todo llega en el momento apropiado;
pero hace muy poco en realidad, ha nacido en mi
algo nuevo, hablo de ésta necesidad de ser grande.

Recuerdo que hace tiempo, no tanto en verdad,
siendo más ingenuo y aun creyendo en el destino,
me gustaba fantasear con que estaba destinado
a lograr algo grande, algo que era la razón
única y universal que validara mi existencia.

Luego pasó el tiempo, vinieron los años,
uno tras del otro incesantes, indiferentes,
dejé de creer en muchas cosas, me hice más lógico,
más apegado a la razón y a las pruebas,
por consiguiente, concluí qué el destino
es la mayor farsa de todos los tiempos.

Nada está escrito ni predestinado,
nadie tiene un plan para cada uno,
que ni a los planetas ni a las estrellas
les importa un carajo cósmico
lo que pasa en esta roca.

En cierta forma todo estuvo bien,
una noche era un hombre común, preso del destino
y a la mañana siguiente me despierto libre de él,
el problema fue, que la libertad es más una carga pesada,
tantos años en su búsqueda y cuando por fin la tengo,
me voy de espaldas porque no la puedo soportar.

No es cosa fácil ser libre, es una responsabilidad abrumadora,
aunado a ello vienen también la soledad y la incomprensión
que generalmente pueblan los días, porque nadie entiende,
porque hablas de cosas que ellos jamás han conocido
o que nunca se habían imagino que existieran siquiera.

Ser libre es como ser tu propio padre,
tienes a una persona a quien sacar adelante a pesar de todo
y no hay nadie que te pueda decir a ciencia cierta que es mejor,
sí, habrá quien te aconseje, pero siempre es dentro de otra lógica
o desde su perspectiva de gente sumisa al destino.

Por eso apenas fui libre, me perdí,
anduve por precipicios y veredas que hoy en día
y a la luz de ésta necesidad de grandeza,
jamás volveré a recorrer; porque ahora sé
que no llevan a nada bueno, que no son más
que pequeños escapes de ésta gran carga.

Soy lento de aprendizaje, pudiera llegar a parecer,
porque tardé casi veintitrés años en aprender
el valor de hacer las cosas bien, de ser honesto,
de que un gesto gentil en lugar de uno adusto
es hoy en día una señal de rebeldía.

Así que aquí estoy, libre y cansado,
habiendo dejado atrás esa ansía corrosiva
por escapar de mi patético pasado,
cansado de esa carrera fútil contra mí mismo,
a punto de quemar mis naves y dejar de paso
que toda esa mierda se queme con ellas.

Hoy, quiero ser grande.
Pero no por esa idea del destino, tanto rodar,
tanto vagar y desvivirme me enseñó sólo una cosa,
que la filosofía que se cansó de repetir aquél
estrafalario maestro del instituto era cierta:
"Quien no trabaja, no come".

Entiendo en estos momentos, que no hay atajos,
que quienes llegan arriba raudos como cohetes
en algún punto se quedan sin combustible
y la caída entonces es larga, casi tan larga
como doloroso es el final contra el suelo.

No, yo no estoy buscando eso,
no quiero historias que contar a mis nietos
de cuando era próspero, de cuando todo estaba bien,
para luego hacer un esfuerzo porque mis ojos
no se rebalsen de lágrimas.

Ni busco ser como esa gente presuntuosa
que cuales pavo reales se exhiben majestuosos,
gallardos y pudientes, siendo no más que un bicho
hinchado acaso por las plumas y la soberbia.

Yo quiero ser una montaña, así de grande,
sé que será difícil, que será una ardua tarea,
que me costará sangre, lágrimas y sudor lograrlo,
quiero ser tan grande para que todas las personas
a las que quiero hallen refugio en mí.

Quiero inspirar respeto más que temor,
ser origen de leyendas y que desde donde 
se alce la vista cualquiera pueda ser testigo
de lo que he logrado, no descansaré,
trasnocharé y madrugaré con tal fin.

Roca por roca, piedra por piedra,
alcanzando el cielo despacio, con la mente en las nubes
pero los pies en el suelo, con mi convicción firme,
cuando tú mismo eres la base y la cima,
no existe altura que te provoque miedo.

Luis.

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