De despedidas y noches frías.

Hace frío, de ese frío que desgarra,
que muerde las soledades de los amantes,
que se clava como agujas en los recuerdos
de noches mas cálidas, de otros ayeres,
de otra piel dando cobijo a la noche.

Hace frío, de ese frío denso y oscuro
de las despedidas sin frontera,
de las terminales carentes de enamorados
y sus besos voraces de bienvenidas.

El frío y la noche se hermanan
como se hermanan la nostalgia y el recuerdo,
como la soledad y la flaqueza dan forma
a los demonios del ansia y la melancolía.

La luna reina sobre éste páramo desierto,
donde tengo por compañía el aullar de los perros,
el beso de un café sin azúcar, las voces del viento
y una esperanza apolillada que llevo en la cartera.

Éste es el mismo frío que llegó a mi puerta
la noche que esa mujer se marchó,
se llevó sus caderas, sus caricias, su voz,
dejándome tan sólo el verde de sus ojos;
se llevó el calor y de golpe, cual ventisca,
me dejó frío el mundo, el tiempo, el alma.

Paliacci.

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