Mariano
A La Muerte en ocasiones le gusta entretenerse, ser inmortal y tener un sistema que funciona con un 99.98% de efectividad puede dejarte mucho tiempo para el esparcimiento y el ocio. De vez en cuando y cuando le parece divertido, pasea entre los mortales haciendo su trabajo personalmente, cada vez con más ingenio y más maestría, porque como todo incluso el matar puede perfeccionarse.
Mariano manejaba su
taxi por la ciudad aquella noche lluviosa, iba despacio como tanteando el
camino, a pesar de que la lluvia no era muy fuerte su visión se veía disminuida
por los principios de cataratas que empezaba a desarrollar, de cualquier manera
debía salir esa noche, nadie más podía cubrirlo en el asiento y recorrer la
ciudad en busca de pasaje. La verdad es que no hacía eso porque lo necesitara o
porque era de extrema necesidad, lo único que lo empujaba a salir de su casa
era ahogar los recuerdos de su difunta esposa, muerta años atrás, dejó en la
casa un sinfín de cosas que lograban hacerla inolvidable, desde las fotos en la
pared, hasta la costumbre aprendida de levantar la tapa del excusado, a pesar
de vivir solo.
La mujer esperaba bajo
la lluvia en la esquina, vestía un largo vestido negro que iba a juego con su
pelo suelto, mientras la blancura de su piel hacía notar sus labios
rojos, Mariano la había visto desde cuadras atrás sin verla mas como una
silueta humana con paraguas. Casi hubo que frenar en seco y patinar las llantas
sobre el pavimento mojado al escuchar el grito de la mujer que atravesó el
ruido de la lluvia: "¡taxi, taxi!", la mujer subió al coche por la puerta trasera, "buenas noches" dijo mariano,
"tan buenas para morirse" dijo la mujer con una voz tan dulce y
melódica que a Mariano logro escaparsele un suspiro quedo.
"¿A dónde se
dirige?", preguntó Mariano como usualmente hacía a los pasajeros, "al
bulevar Kafka, por favor", respondió la mujer de negro, siempre mirando
indiferente hacia la lluvia que golpeaba la fría ventana. Él no se
caracterizaba por ser un hombre curioso, sin embargo, saber que una joven y
hermosa mujer se dirigiera a la zona mas lejana y solitaria de la ciudad,
generaba incontables dudas y preguntas. Tal como si esa mujer pudiera
escuchar sus pensamientos, su voz melódica y suave dijo palabra tras palabra lo
que Mariano pensaba, "Podría pensar muchas cosas porque una mujer como yo,
se dirija a una área como esa, pero pierda la pena, ¿desea saber alguna cosa?,
el viaje es largo y una plática amena lo haría más agradable".
Mil y un preguntas
pasaron al momento en la mente de Mariano, pero la única que escapó de sus
labios fue "¿porque va a Kafka con este clima y a esta hora
de la noche?", la mujer, luego de suspirar en la ventana y jugar con el
vapor en ella murmuro "no piense mal, pero, tengo trabajo que hacer en ese
lugar". Una sonrisa se esbozo
en el rostro de la mujer cuando la expresión sorprendida de Mariano se hizo
notable, "quizás no el tipo de trabajo que usted se imagina", Mariano
en vano dio razones y excusas inconexas que solo hicieron crecer la sonrisa en
los labios rojos de su pasajera, "podría decirle sabe, pero lo echaría
todo a perder" dijo ésta después que Mariano abandonó el color rojo de su
cara. "¿Porque habría
de echarse a perder algo, solo porque me dijera que es lo que va a
hacer?", pregunto Mariano intrigado, "Ah no es nada, no es la gran
cosa en realidad, es sólo que es secreto". "Se guardar secretos"
dijo Mariano volteando a través del retrovisor, y el espejo mismo fue quién le
devolvió la imagen de sus ojos azules clavándose en los suyos. "Sí, podría
ser que pudiera, pero no quiero arriesgarlo a usted". Esas palabras llegaron a la mente de Mariano demasiado rápido
para que éste lograse contestar algo, sólo mantuvo el taxi acelerando en las
calles que la lluvia seguía bañando copiosamente. El silencio reinó en el auto
a medida que este se acercaba a su
destino, tramo a tramo el auto se acercaba más al bulevar Kafka, dejando atrás
la ciudad iluminada, su calles y avenidas amplias dando lugar a calles y
callejones oscuros. Las fabricas y bodegas se alzaban a lo
largo de las calles dejando un solo camino con farolas entre todas ellas;
"Bulevar Kafka" decía el letrero que se ostentaba sobre el poste que
iluminaba vagamente la esquina.
"¿Por mera
curiosidad, a qué se dedica exactamente señorita?" pregunto Mariano a fin
de saber antes de que la mujer de negro abandonará el taxi. "Ciertamente
es usted un hombre muy curioso Mariano". El escuchar su nombre de los
labios de esa desconocida produjo en él un enorme terror, "¿cómo sabe mi nombre?" preguntó. "Mariano, vengo por ti", dijo
mientras besaba su mejilla y se desvanecía en el aire. Mariano no creía lo que
pasaba frente a sus ojos, había quedado estupefacto, su sorpresa se vio
frustrada por las luces del camión que cargaba a alta velocidad sobre
su taxi. Cuando la policía sacó el cuerpo de Mariano de entre los fierros
retorcidos, lo único raro que notó fue la quemadura en forma de beso carmesí plasmado en su cara; a la muerte le gusta dejar firmas, pequeños símbolos que le recuerden cuando ha puesto manos a la obra sobre los mortales, después de todo la eternidad sin esos pequeños placeres tendía a ser aburrida.
Paliacci.
Paliacci.
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