De musas celosas y Anticultura.
Hoy es día de un dos por uno en literatura, así que en parte me redimo del abandono ocasional que mi blog tiene cuando no tengo nada terminado por publicar, pero dejando de lado eso, empecemos...
De musas celosas.
La musa de la poesía me ha despechado,
me ve altiva desde su balcón en la luna
y me voltea la cara a la vez que dice,
con desprecio, "cuentista".
Es así cómo me enajena del manantial
de la inspiracion que es su espiritu,
cómo desahoga su rabia muda
por mis abandonos, por mis desatenciones.
Largas noches ha pasado mirándome,
observando con fingida indiferencia
mientras la musa de la prosa
me susurra línea tras línea al oído.
La musa poesia me esquiva por orgullo,
por vanidad de sentirse más estetica,
de verse a sí misma más elegante, más digna,
por sentirse de las letras un "non plus ultra".
Por eso es que me evade, por rencor,
por saberse cambiada en mis noches
por aquella que considera más burda,
más fácil, más simple, por una cualquiera
que bien usan los novelistas puros
cómo tambien las revistas de chismes.
Va a tardar un rato en perdonarme, sin duda,
porque a aquella burda prosa y a mí,
nos queda trabajo por delante,
porque la nuestra es una relación simple,
ella guía y yo le sigo el ritmo.
"Cuánta falta de estilo" dice la poesía,
olvidando por completo, que incluso
algunos de los poemas más brillantes,
de vez en cuando, necesitan una maquillada.
Anticultura (Poema Exprés).
Me preguntaron, ¡¿qué es la cultura?!,
yo, como no soy una enciclopedia andante,
ni un diccionario con piernas,
respondí lo que se me vino a la mente,
que no fue muy bueno, tampoco tan malo,
pero me dejó a medio camino entre una respuesta
y una pregunta de esas filosóficas
que la gente sólo se hace luego
de un par de bocanadas de hierbas ilegales.
¿Qué es la cultura?
¿Puede tenerse a la cultura?
¿Hay una forma ideal y perfecta de lo
que es la cultura?, cabe preguntarse.
¿Hay forma?, cabe preguntarse.
¿Cabe?, hay que preguntarse.
A todo esto, confundido cómo quedé,
y creyendo que existe alguna diosa de la cultura,
(y rogando que en su repertorio
de poderes divinos no incluya
ni esté disponible lanzar relámpagos,
me arriesgo a decir que la cultura
es cómo la ignorancia, no porque
ambas sean infinitas, aunque lo son.
Me refiero a qué, nadie puede ser
lo mismo de ignorante que el otro,
del mismo modo, nadie puede ser
lo mismo de culto que el otro.
Dicho de otra manera,
lo que entendemos por nuestra cultura
nos enriquece y a quien vemos o sabemos
que no la tiene, le empobrece, y viceversa.
Porque el otro no sabrá cuando nació Rembrandt,
pero a qué sabe quién ganó el mundial del sesenta y seis,
y ambas cosas sirven para lo mismo en un bar.
Paliacci
De musas celosas.
La musa de la poesía me ha despechado,
me ve altiva desde su balcón en la luna
y me voltea la cara a la vez que dice,
con desprecio, "cuentista".
Es así cómo me enajena del manantial
de la inspiracion que es su espiritu,
cómo desahoga su rabia muda
por mis abandonos, por mis desatenciones.
Largas noches ha pasado mirándome,
observando con fingida indiferencia
mientras la musa de la prosa
me susurra línea tras línea al oído.
La musa poesia me esquiva por orgullo,
por vanidad de sentirse más estetica,
de verse a sí misma más elegante, más digna,
por sentirse de las letras un "non plus ultra".
Por eso es que me evade, por rencor,
por saberse cambiada en mis noches
por aquella que considera más burda,
más fácil, más simple, por una cualquiera
que bien usan los novelistas puros
cómo tambien las revistas de chismes.
Va a tardar un rato en perdonarme, sin duda,
porque a aquella burda prosa y a mí,
nos queda trabajo por delante,
porque la nuestra es una relación simple,
ella guía y yo le sigo el ritmo.
"Cuánta falta de estilo" dice la poesía,
olvidando por completo, que incluso
algunos de los poemas más brillantes,
de vez en cuando, necesitan una maquillada.
Anticultura (Poema Exprés).
Me preguntaron, ¡¿qué es la cultura?!,
yo, como no soy una enciclopedia andante,
ni un diccionario con piernas,
respondí lo que se me vino a la mente,
que no fue muy bueno, tampoco tan malo,
pero me dejó a medio camino entre una respuesta
y una pregunta de esas filosóficas
que la gente sólo se hace luego
de un par de bocanadas de hierbas ilegales.
¿Qué es la cultura?
¿Puede tenerse a la cultura?
¿Hay una forma ideal y perfecta de lo
que es la cultura?, cabe preguntarse.
¿Hay forma?, cabe preguntarse.
¿Cabe?, hay que preguntarse.
A todo esto, confundido cómo quedé,
y creyendo que existe alguna diosa de la cultura,
(y rogando que en su repertorio
de poderes divinos no incluya
ni esté disponible lanzar relámpagos,
me arriesgo a decir que la cultura
es cómo la ignorancia, no porque
ambas sean infinitas, aunque lo son.
Me refiero a qué, nadie puede ser
lo mismo de ignorante que el otro,
del mismo modo, nadie puede ser
lo mismo de culto que el otro.
Dicho de otra manera,
lo que entendemos por nuestra cultura
nos enriquece y a quien vemos o sabemos
que no la tiene, le empobrece, y viceversa.
Porque el otro no sabrá cuando nació Rembrandt,
pero a qué sabe quién ganó el mundial del sesenta y seis,
y ambas cosas sirven para lo mismo en un bar.
Paliacci
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