Crush.
Papel y lápiz en mano y me dispongo a escribir,
¿de qué tratarán mis versos esta noche?
de la vida, porque el amor está lejos, está ausente,
está caro o es evidente que aún no lo encuentro.
Puedo escribir de la envidia sana que siento,
cada vez que me encuentro a esos conocidos
que llevan juntos por años y yo quisiera algo así,
pero claro es una envidia sana, toda saludable,
como pensar “ojala se ahogaran en agua mineral”.
Puedo escribir que tengo la certeza de que los años,
más que los daños, no pasan en vano, y si bien
la vida no me ha tratado tan mal, hay evidencias,
de que al menos fisiológicamente me hago viejo,
¡cualquier comida copiosa y me estoy durmiendo!
Puedo escribir los versos más tristes,
pero sería plagio y estaría ya muy repetido,
así que me abstendré de cosas como esas
mejor plasmo en el papel el hecho de que
llevo dos días medio atontado por alguien.
Y sí, estoy atontado por una mujer,
a quien vi por espacio de no más de veinte segundos,
veinte gloriosos segundos que le tomo pasar a mi lado,
entre el tráfico en su bicicleta azul cielo.
Y no, esto no es normal, esto no me pasa,
yo siempre estoy en control, de acuerdo al plan,
no debería venir una extraña cualquiera
y tan fácilmente sacudirme el mundo.
No sé si la vuelva a encontrar, no sé nada,
es más, no sé su nombre, dirección o teléfono,
solo sé que la pienso, que la recuerdo
y mi cerebro empieza a cantar “la gloria eres tú”
de German Valdez “Tin Tan” y tampoco sé porque.
Sólo sé que en el momento que la vuelva a ver,
inspirado por el pachuco bailarín, la invitare,
no se di a un jaibol, unas cervezas o un café,
pero no pienso dejar pasar la oportunidad,
no sé a dónde me lleve esta idea.
Quien sabe, quizás de algo ya nos conocemos,
quizás ya nos hemos reflejado en las mismas vidrieras,
quizás de una vida pasada le vengo siguiendo la pista,
quizás solo fue casualidad, una hermosa casualidad.
Paliacci.
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