Vasijas.
Estábamos ahí uno al lado del otro, como siempre que meditamos o como siempre que aprendo a hacerlo bien, yo con el pants con que suelo sentirme a gusto para hacerlo, él con el Bhikkhu que lo identifica como monje. en un momento dado interrumpió el mantra y me pregunto sin abrir los ojos, sin moverse siquiera, manteniendo el loto e instándome a hacer lo mismo,
- ¿Si pudieses pedir perdón a todos aquellos que has lastimado, lo harías?
- Por su puesto que sí- dije
- ¿Por qué?
- Pues porque quiero reparar el daño que he hecho.
Apenas acabé de decir esto, me miro, sonrió y me dijo: Tu intención es buena, pero estás equivocado, que les pidas perdón no va a reparar los daños, las palabras no tienen peso, las palabras no reconfortan si no vienen acompañadas de compasión, tú dices que quieres el perdón de aquellos que lastimaste, pero solamente eso, y eso no basta, no hay que olvidar el primer precepto, la vida es incompleta e insatisfactoria, esto no quiere decir que te olvides por completo de lo que has hecho mal, sino quiere decir que no debes cargar la culpa de todo ello, actuar en base a la culpa es una forma de egoísmo, porque tu intención no es ayudar a los otros, sino calmar lo que en ti es molestia. Has aprendido mucho pero aun te falta mucho más para comprender enteramente el dharma, aun alguien de mi edad también le falta demasiado pero eso no es motivo para dejar de intentarlo. Quiero recordarte que todos somos uno, que es el amor y la compasión lo que nos unifica y que el odio y el rencor lo que nos separa, ahora bien, vivimos en un mundo que pasa por una edad difícil, la confianza en los otros es algo que no se ve muy a menudo, hay miedo, hay recelo, por eso que vayas por la vida pidiendo perdón puede llegar a malinterpretarse o a causar sospechas inoportunas, lo que debes hacer es poner en práctica ese refrán que dice que las acciones valen más que las palabras. Hace no mucho una joven me contó un pequeño relato sobre una pareja que discute, él la ha lastimado y ella le ha puesto el ejemplo de que su confianza, su cariño, es como una vasija, la cual él ha dejado caer, rompiéndola, acto seguido le ha pedido perdón pero la vasija como es comprensible sigue rota, ahí termina la historia como me la platicaron, es una tragedia si ese es el final, hay mucho dolor y culpa en ella, pero a mi forma de ver es una historia incompleta. Una vasija rota no siempre es el final, en Japón tienen por costumbre reparar las vasijas rotas, ponen todo su empeño en hacer que la vasija luzca lo más parecido a como estaba antes e incluso sellan las partes rotas con oro para que resalten las uniones, así la vasija rota vuelve a ser útil y es apreciada incluso más por sus dueños. Me imagino el final de ese relato de esa manera, con él uniendo los pedazos de la vasija y ella dejando de lado el orgullo y aceptando la vasija de vuelta. Lo mismo pasa con la cuestión que te planteé, pedir perdón a los otros no resuelve ni enmienda nada, tú no puedes devolverles la alegría que no vivieron por ser presa de la ira, ni devolverles sus lágrimas, ni su tiempo en las horas de angustia, no, esos pedazos ya no se pueden volver a unir, lo que puedes hacer por ellos es brindarles compasión, es hacer su vida un poco o un mucho más llevadera, si actúas de esa manera no será necesario que pidas perdón, a través de tus actos los otros te brindarán ese perdón, pero no esperes que sea de inmediato, las heridas del alma duelen al hacerse y aun mas al cerrarse.
Luego de eso sonrió y seguimos meditando, yo vigilando mi respiración y poniendo mi atención en el mantra que recitaba, ya fue camino a casa cuando rumiaba en mi cabeza todo cuanto había dicho, y me quedó la certeza de que todos somos como vasijas rotas que hay quienes nos esforzamos por levantar nuestros pedazos, que hay quienes una vez rotos no se sienten capaces de volver a unirse de nuevo y que hay quienes esperan a que alguien más los venga a reparar sin tener en cuenta que los otros también tienen sus pedazos que levantar del piso.
Así que mi propósito de hoy en adelante en ese, decir lo siento más seguido, no con palabras, sino con acciones.
Paliacci.
- ¿Si pudieses pedir perdón a todos aquellos que has lastimado, lo harías?
- Por su puesto que sí- dije
- ¿Por qué?
- Pues porque quiero reparar el daño que he hecho.
Apenas acabé de decir esto, me miro, sonrió y me dijo: Tu intención es buena, pero estás equivocado, que les pidas perdón no va a reparar los daños, las palabras no tienen peso, las palabras no reconfortan si no vienen acompañadas de compasión, tú dices que quieres el perdón de aquellos que lastimaste, pero solamente eso, y eso no basta, no hay que olvidar el primer precepto, la vida es incompleta e insatisfactoria, esto no quiere decir que te olvides por completo de lo que has hecho mal, sino quiere decir que no debes cargar la culpa de todo ello, actuar en base a la culpa es una forma de egoísmo, porque tu intención no es ayudar a los otros, sino calmar lo que en ti es molestia. Has aprendido mucho pero aun te falta mucho más para comprender enteramente el dharma, aun alguien de mi edad también le falta demasiado pero eso no es motivo para dejar de intentarlo. Quiero recordarte que todos somos uno, que es el amor y la compasión lo que nos unifica y que el odio y el rencor lo que nos separa, ahora bien, vivimos en un mundo que pasa por una edad difícil, la confianza en los otros es algo que no se ve muy a menudo, hay miedo, hay recelo, por eso que vayas por la vida pidiendo perdón puede llegar a malinterpretarse o a causar sospechas inoportunas, lo que debes hacer es poner en práctica ese refrán que dice que las acciones valen más que las palabras. Hace no mucho una joven me contó un pequeño relato sobre una pareja que discute, él la ha lastimado y ella le ha puesto el ejemplo de que su confianza, su cariño, es como una vasija, la cual él ha dejado caer, rompiéndola, acto seguido le ha pedido perdón pero la vasija como es comprensible sigue rota, ahí termina la historia como me la platicaron, es una tragedia si ese es el final, hay mucho dolor y culpa en ella, pero a mi forma de ver es una historia incompleta. Una vasija rota no siempre es el final, en Japón tienen por costumbre reparar las vasijas rotas, ponen todo su empeño en hacer que la vasija luzca lo más parecido a como estaba antes e incluso sellan las partes rotas con oro para que resalten las uniones, así la vasija rota vuelve a ser útil y es apreciada incluso más por sus dueños. Me imagino el final de ese relato de esa manera, con él uniendo los pedazos de la vasija y ella dejando de lado el orgullo y aceptando la vasija de vuelta. Lo mismo pasa con la cuestión que te planteé, pedir perdón a los otros no resuelve ni enmienda nada, tú no puedes devolverles la alegría que no vivieron por ser presa de la ira, ni devolverles sus lágrimas, ni su tiempo en las horas de angustia, no, esos pedazos ya no se pueden volver a unir, lo que puedes hacer por ellos es brindarles compasión, es hacer su vida un poco o un mucho más llevadera, si actúas de esa manera no será necesario que pidas perdón, a través de tus actos los otros te brindarán ese perdón, pero no esperes que sea de inmediato, las heridas del alma duelen al hacerse y aun mas al cerrarse.
Luego de eso sonrió y seguimos meditando, yo vigilando mi respiración y poniendo mi atención en el mantra que recitaba, ya fue camino a casa cuando rumiaba en mi cabeza todo cuanto había dicho, y me quedó la certeza de que todos somos como vasijas rotas que hay quienes nos esforzamos por levantar nuestros pedazos, que hay quienes una vez rotos no se sienten capaces de volver a unirse de nuevo y que hay quienes esperan a que alguien más los venga a reparar sin tener en cuenta que los otros también tienen sus pedazos que levantar del piso.
Así que mi propósito de hoy en adelante en ese, decir lo siento más seguido, no con palabras, sino con acciones.
Paliacci.
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