MXP14

Este cuento lo quiero dedicar a la estimada señorita Laura Bedolla, quien me hizo recordar que antes de poderme autodenominar escritor, debo conseguir que otros me denominen como tal, que debo no dejarme dominar por el ego y que aunque escuche muchos "¡Muy bien, eso estuvo excelente!", no es sino los "Esperaba algo más", "Puedes hacerlo mejor", lo que nos ayudan a poner el esfuerzo necesario para dar siempre lo mejor sin caer en las quimeras de los elogios, para ella y para ustedes:

MXP14.

Nuestra historia comienza muy lejos de aquí, aproximadamente a ciento cuarenta y nueve millones quinientos noventa y siete mil ochocientos setenta kilómetros de donde usted está leyendo estas líneas hace veintiocho años, seis meses, doce días, ocho horas con cuarenta y dos minutos y siete segundos el cometa Halley atravesaba el cinturón de asteroides. La gigantesca mole de hierro, hielo y roca ejercía su fuerza gravitacional sobre los millones de fragmentos de roca que se encontraba a su paso, entre ellos una roca no más grande que una casa que llamaremos “Pepo”, la NASA posteriormente la llamaría MXP14 pero eso es irrelevante ahora; el cometa Halley continuó su perihelio indiferente a los impactos de las rocas detrás de él, el calor del sol por fin empezaba a calentar el hielo de su capa exterior otorgándole la cola de gases que lo hace brillar y ser notorio como solo puede serlo cada setenta y seis años, Pepo por otro lado seguía siendo tan anónimo como lo fue siempre, salvo que ahora estaba explorando una parte del espacio que le fue negado cuando se vio desechado de la conformación de planetas, se movía vertiginoso siguiendo la estela del cometa, ayudado por su colosal libertador y su gravedad, el pequeño fragmento de roca aceleraba cada vez más hasta que lo inevitable paso. Otro fragmento no mayor a un balón de fútbol, pero que llevaba una velocidad veinte veces mayor le impactó. El resultado de tal colisión fue que Pepo fue segmentado en cientos de pedazos, los cuales salieron disparados en todas direcciones, los más grandes o sea, los más lentos no pudieron escapar de la de gravedad del cometa y siguieron, casi sin alteraciones, su curso. A esos la NASA los bautizó como MXP14.1 – MXP14.78, Nosotros para evitarnos listas largas los llamaremos “Pepos”, de todos ellos alguno, que ni era el más grande, quizás ni el más duro acaso, estaba destinado a algo importante.

Probablemente esto podría ser irrelevante para cualquiera, pero para un joven nacido hace veinte años, ocho meses, trece días, seis horas y veintiún minutos esas rocas distantes habrían de cambiar su vida. Él se llamaba Mateo, podríamos decir que había pocas cosas inusuales en él, más allá de su afición por mirar el cielo, era un chico agradable, que vivía en un pequeño pueblo de no más de cincuenta mil habitantes y que colinda con otro exactamente igual pero que está tan próximo uno del otro que más bien pareciera un solo pueblo el doble de grande de lo que cada uno es. En su vida Mateo había tenido tres días muy importantes, el primero fue una tarde en que su padre luego de volver del trabajo se había dado una vuelta por el centro de la ciudad y en una tiendo donde venden de todo, o al menos eso intentan, le había comprado un telescopio. Mateo quedó fascinado con su primer telescopio, le encantaba mirar las estrellas, revisar las constelaciones e imaginar que surcaba el universo. Se veía a si mismo comandando una nave espacial, explorando planetas, conociendo otras formas de vida y soñando como sueñan los niños pequeños. La euforia del telescopio duró bastante, pero como todas las cosas perdió su brillo conforme iban pasando los meses, quien fuera un niño que no podía pasar un día sin mirar el cielo ahora lo hacía con frecuencia, pero ocupaba su tiempo en otras cosas como en salir a jugar con los vecinos de la cuadra, en sus videojuegos y sus tareas, y el pequeño telescopio poco a poco fue quedándose en el olvido y perdiendo su lugar junto a la ventana, alguien en algún momento tuvo compasión de él, le sacudió el polvo y lo guardó en el armario.

Mateo siguió creciendo, viviendo una vida sencilla, de amigos, de juegos y de tardes de domingo en el cine, empezó a despuntar a la adolescencia y con ella vinieron otras ocupaciones, otros descubrimientos, otros intereses entre ellos, el amor. Más que el amor, lo que llegó a las puertas de la vida de Mateo fue la búsqueda del mismo, le era fácil entender el concepto, las personas se quieren, luego de eso se aman y es entonces que se complementan sus vidas y todo tiene sentido. Pero hasta ese momento no había encontrado a esa persona que le diera sentido, que le hiciera ver que todo lo que había pasado antes había valido la pena, esa por quien el pasado quedara redimido. Había tenido algunas novias, de esos amores fugaces donde nadie sabe realmente lo que está haciendo ni porque, y como si de alguna forma lo supiera, sabía que ninguna de ellas era quien él estaba esperando, así lo sentía y se convencía de ello. No fue hasta su segundo día importante que todo tuvo sentido. Una tarde en que limpiaba su habitación se encontró al pequeño telescopio en su refugio en el armario, le limpio un poco y se dejó llevar por la nostalgia y el recuerdo de tiempos más sencillos, lo armó nuevamente lo montó en el tripié y lo observó recordándolo más grande según sus memorias. Esa noche estaba despejada y se asomó a la mirilla buscando las estrellas, las vio tal como las recordaba, fue una grata sorpresa poder recordar sus nombres sin esfuerzo y encontrar las constelaciones tan fácilmente, sin embargo su momento de éxtasis fue interrumpido por el timbre de su celular que lo tomó por sorpresa y lo sobresaltó, una llamada corta para ver qué haría luego esa noche, si todo hubiera sido como los días anteriores Mateo habría hecho lo mismo de siempre, salir al bar, tomar unos tragos, conocer alguna chica y probar algo de suerte, pero lo que estaba a punto de hacer hicieron las cosas completamente distintas. El sobresalto del teléfono hizo que el telescopio quedara casi horizontal a la ventana, él miró a través del cristal sin reajustarlo y entonces la vio a ella. Ella se llamaba Rebeca, aunque eso él no lo sabía, lo único que sabía de ella en ese momento fue que a juzgar por la inclinación del lente ella se encontraba en el otro lado de la ciudad, incluso ni en la misma ciudad sino en el pueblo vecino conjunto, pero era preciosa, para él era la mujer más hermosa que había visto jamás, y él podía verla desde su ventana, estar en su patio, pasar por las ventanas de la casa y salir a la calle, era una completa desconocida pero él sentía que lo hacía feliz por el solo hecho de existir.

Para poder llegar a entender el tercer día importante en la vida de Mateo tengo que contarles un poco acerca de Rebeca, ella era una chica feliz, que vivía en un hogar feliz con unos padres felices que tenían un matrimonio feliz, o sea era adinerada, era hija única y para desgracia de Mateo tenía un novio que la hacía también feliz, era alta media cerca de un metro setenta y seis, pelo negro piel clara y una elección de lápiz labial rojo con lo que conseguía lo que fuera. Y lo sabía, era consciente de su belleza y lo que podía hacer con ella, por eso su más grande sueño era que alguien famoso se enamorara de ella y por consiguiente hacerse famosa. Era el sueño inalcanzable para casi todos aquellos que la conocían y la causa de envidia de aquellos que podían estar con ella.

También debemos darle una vuelta a los “Pepos”, o MXP14.1-MXP14.78 si queremos hacer felices a quienes les gustan los nombres largos, que se despegaron del cometa luego que este pasara por venus y que han estado vagando por las órbitas de venus y marte sin poder definirse a impactar en alguno de ellos, algunos si han caído en venus y otros cuantos han redecorado la superficie del planeta rojo, pero la gran mayoría sigue deambulando por el frío del vacío, movidos por la gravedad y el impulso que les fue otorgado por el cometa, y para ser precisos dieciocho días, seis horas y treinta y seis minutos antes del día de Mateo un astrónomo del Observatorio Astronómico Nacional San Pedro Mártir, haciendo una inspección de rutina de los lentes los vio, calculó la distancia a la que se encontraban según la inclinación y el enfoque del lente, se tomó la libertad de calcular su directoria, el tiempo estimado de llegada y su masa, contactó a sus colegas en la NASA quienes corroboraron sus cálculos, lo felicitaron y le dieron la oportunidad de proponer un nombre, las llamó, como ya hemos dicho antes “MXP14”, porque iban a caer en México, y eran piedras, y el catorce por la fecha del calendario y la poca inventiva del científico, quien posteriormente anunciaría a la facultad de la UNAM y éstos lo compartirían al Politécnico, quienes lo transmitirían por canal once: “lluvia de meteoritos a mediados del mes” y así todo el país sabría de ellos, incluyendo a Mateo.

Para ser francos encontrar a alguien entre cien mil personas es algo en extremo difícil para una persona cualquiera, pero nada es en extremo difícil o imposible cuando se está enamorado, así que Mateo movió cielo, mar y tierra por encontrar a quien le hacía mover el corazón, el telescopio fue útil a ese propósito e incluso motivo de dolor y angustia por revelarle que el amor de su vida, parecía haber encontrado al propio, esto le deprimió un poco, pero retomo la calma y el ánimo con el pensamiento que ella aun no lo conocía, si ella supiera de él, si supiera con cuanta fuerza su amor le quemaba por dentro, si llegara a saber cuánto anhelaba poder escuchar su voz, poder estar con ella y tenerla entre sus brazos, si no ignorara cuantas noches soñaba sin cesar en ella, pero le era imposible acercarse a ella así como así, sin un buen motivo y tampoco podía llegar y decirle “Oye, me encantas, te observo todo el tiempo desde mi telescopio”, eso le haría merecedor en menor caso a una mirada de reproche y en el peor de los casos un tiempo en prisión por acoso, era una encrucijada que parecía irresoluble, entonces se enteró de la lluvia de meteoritos así como qué la escuela a la que ella asistía iría a un campo cercano la noche en cuestión a realizar un picnic nocturno en donde cualquiera estaba invitado. Así que como un nudo gordiano la oportunidad estaba frente a él, incluso ideó un plan que le parecía perfecto, llevaría el telescopio, se cruzaría con ella, la invitaría a ver a través de él y quizás luego de ello, le robaría un beso, o sólo le pediría su número de teléfono no debiera ser tan codicioso. Se encontraba en este proceso de estrategia minuciosa cuando se percató que se le empezaba a hacer tarde, empacó el telescopio, se arregló y salió a toda prisa en su pequeño auto al encuentro de su destino.


Mucho muy arriba de donde un joven manejaba como un cafre y se saltaba los semáforos en rojo profiriendo floridos recordatorios de progenitoras y revelando la poca sanidad mental de los otros conductores los “Pepos” entraban en la atmósfera, su velocidad y la fricción del aire al encontrarse los hizo encenderse, empezar a quemarse apenas entraron, los meteoros más pequeños se gasificaron por la temperatura, mientras los más grandes brillaban por un instante antes de romperse y explotar o precipitarse como proyectiles balísticos hacia la superficie, uno de estos últimos, quien fuera MXP14.27 quien entrara a la atmósfera con una circunferencia de tres metros ahora se había reducido a un roca caliente que viajaba a miles de kilómetros de apenas treinta y cuatro centímetros de ancho, pequeño sí, pero constituido principalmente de hierro, trazó una estela en el cielo luego del fogonazo en lo alto para culminar su vertiginosa caída justo sobre un auto pequeño color azul que circulaba por una carretera vecinal con un telescopio en el maletero. He aquí que éste fue el tercer día más importante en la vida de Mateo así como en la de casi todos, el último, ahí donde yacemos para no continuar, el reposo final a donde nuestras decisiones nos han llevado, a donde nos hemos permitido llegar. No es preciso pensar que éste es un final triste, porque en realidad es una conclusión donde los sueños se cumplen, aunque no para agrado de todos, Mateo sin duda logró que Rebeca supiera que él existía, inclusive luego de esto lo supo todo de él, porque fue la conversación de moda, quien era, que hacía, todo el mundo lo quiso saber. Y Rebeca había conseguido entonces que alguien famoso hubiera estado enamorado de ella, es una lástima que ella no lo hubiera sabido nunca y que no se hiciera famosa, pero es que a veces no podemos ver la realidad como es, sino como quisiéramos que fuera. 


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